BIRRITÁCORA

PROYECTO PELÍCULA EN DESARROLLO

LOG LINE

“Un artista, en el final de sus días, se enfrenta a sus propios ángeles y demonios al preguntarse si lo hecho en su vida es lo que realmente soñó.” 

SINOPSIS:

Fernando Birri se dispone a escribir el último capítulo en su cuaderno de “Bitácora” y se pregunta si lo que hizo en su vida es lo que realmente soñó. Para responder esto, FERNANDO (El Soñador) convoca a BIRRI (La Razón) a una cita íntima.
Italia, atardece en Roma, por el río Tevere navega sola una pequeña canoa que lleva a cuesta sólo un viejo baúl. Viaja escoltada bajo el agua por un cardumen de peces plateados.
La canoa llega a una playa del rio Ubajay, Argentina. Una BANDA DE NIÑOS DUENDES recoge el baúl, y lo introduce en un retablillo de títeres, donde DON FER se encuentra con DON BIRRIN que sale del baúl. Son dos títeres de mano que cuelgan de hilos al estilo marioneta. Ambos viejitos de larga barba blanca, ojos vivarachos y muy locuaces.
Del baúl sale otro tripulante: Don Proye, un efusivo proyector de cine.
Rápidamente se establece un diálogo sincero, desopilante y encantador plagado de gran cantidad de recuerdos vivídos al unísono donde DON PROYE irrumpe cuando lo cree pertinente con sus precisas acotaciones: escenas de películas.
Se cuestionan, afirman, refutan y reconfirman aquellos asuntos que constantemente atravesaron su larga vida bien nutrida: el sentido del cine en las transformaciones sociales, los distintos “manifiestos”, la actitud poético-política, los exilios, “Tire Die”, el nuevo cine latinoamericano, etc. Surgen las distintas miradas y afloran contradicciones, se pelean, discuten y vuelven a coincidir para otra vez desafiarse mutuamente. Un tema les preocupa en particular: ¿su legado ha sido infructuoso?.
Para investigar esto, DON BIRRÍN se personifica en BIRRI, un títere de tamaño real que sale en busca de señales que den fe de su legado.
Birri busca constatar por sus propios ojos si hoy existe algo de su impronta. Asiste a rodajes, visita escuelas y participa en distintas actividades culturales en Argentina, Brasil, Venezuela, Cuba, Italia, Alemania y EE.UU donde comprueba que “la utopía del ojo y la oreja” es constantemente reformulada y sigue siendo motivo para un caminar estético y político.

Esta comprobación es la que mágicamente sopla su aliento de vida en DON FER y lo convierte en el verdadero FERNANDO de carne y hueso.
BIRRI vuelve y se reencuentra con FERNANDO. Pendientes ambos de hilos que se pierden en el cosmos, fluye un último diálogo que ahonda en intimidad. Juntos dan un honesto beneplácito a su paso por este mundo, escriben el último capítulo de BI(RRI)TACORA y consolidan así el retrato de una persona que se presenta y ofrece de manera íntegra: FERNANDO BIRRI.
En actitud de sana despedida, FERNANDO saca una gran tijera, le pregunta a BIRRI si ya está listo, deja un “buenas noches” y corta todos los hilos, incluyendo los propios.
Cumpliendo con sus deseos, un nutrido cortejo (que nada tiene de fúnebre) encomienda sus cenizas a un camalote que remonta el Paraná escoltado por el cardumen de peces plateados. Simultáneamente, una multitud en Roma arroja sus verdaderas cenizas al río Tevere. 

TRATAMIENTO

Nos propusimos hacer “un Birri a lo Birri”.
Un mismo relato se conforma por dos miradas ancladas en una sola estructura narrativa. Se desprenden de allí dos tratamientos: el de Fernando (el soñador) encarnado por el mismo Fernando Birri en persona y el de Birri (la Razón) representado por un títere a tamaño real.

Tratamiento bajo los hilos de FERNANDO (el soñador)
Con una estética cercana al realismo mágico establecemos desde el inicio la tónica de la película. Le proponemos al espectador embarcarse en un juego poético para llegar así a una verdad profunda a través de lo aparentemente irreal y desopilante.
Una canoa con viejo baúl navega sola desde el río Tevere (Roma,Italia) hasta el Ubajay (Santa Fe, Argentina).

En el baúl viajan Don Birri y Don Proye, que acuden prestos al llamado de Don Fer. La cita es en el recuerdo de un retablillo de títeres perdido en el tiempo.
El encuentro es efusivo y tierno. DON FER es un títere de marioneta que habla con la mismísima voz de Fernando Birri. DON BIRRI es un reflejo un tanto caricaturizado. Prontamente se establece entre ellos un diálogo fluido donde afloran recuerdos, controversias varias y certezas irrefutables.
Del baúl asoma tambien DON PROYE, el otro tripulante; es un singular proyector de cine irreverente y pícaro que se comunica con fragmentos de películas. Todo el cine habita en sus carretes infinitos.

Desde las manos, hombros y cabezas de Don Fer y Don Birri salen largos hilos que los sostienen desde el cosmos. Concientes de esta situacion, juegan con sus múltiples interpretaciones: las estrellas, lo supremo, o simplemente el destino.
Estos particulares “sujetos” se revelan constantemente signados por un continuo afán por re-inventarse, por re-descubrirse y por la búsqueda incesante de un nuevo manifiesto que los oriente en un camino poético-político. Persiguiendo eso Don Birri aborda distintas situaciones pero llega, movido por los hilos, convertido en BIRRI, el mismo títere aunque ahora de tamaño real. Estas situaciones, también son reales y actuales, tienen algo en común: siempre hay algo de la impronta de Fernando Birri que subyace y se manifiesta. Lo que él llamaba “La utopía del ojo y la oreja” se puede palpar en cineastas, actores, escritores y colectivos culturales.

Mientras esperan el regreso de BIRRI, Don Proye le transmite a Don Fer los resultados de sus pesquisas. Es en este momento donde Don Fer deja de ser un títere para convertirse en el mismísimo FERNANDO de carne y hueso.
Al encontrarse nuevamente en el retablillo FERNANDO y BIRRI miran hacia el cosmos, desde donde penden sus hilos, buscando respuestas que no tardan en llegar: el sentido de aquel cine, de esos manifiestos, de la utopía, del tiempo transitado y de esta realidad toman forma ante sus ojos.
Al finalizar, FERNANDO saca una gran tijera envuelta en terciopelo rojo, le pregunta a BIRRI si está listo, se despide proponiendo “con risa y sin llanto” y en forma de ritual, corta cada uno de los hilos.

Una multitudinaria ceremonia pagana lo despide confiando sus cenizas al rio Ubajay, mientras en Roma otra hace lo mismo en el rio Tévere. 

Fernando Birri fué uno de los creadores más originales e influyentes de América Latina, artista multifacético, cineasta, poeta, actor, pintor, titiritero, teórico de numerosos textos, maestro de generaciones de cineastas, fundador de la Escuela documentalista de Santa Fe, precursor de la Escuela de San Antonio de los Baños en Cuba y concebido como el “padre del nuevo cine latinomaericano”.


La grabación del encuentro entre Fernando Birri y su doble en tìtere en tamaño real (BIRRI) la concretamos en Roma, en el año 2016, a sus 91 años, meses antes de su desaparición física.

Este proyecto viene siendo impulsado sin apoyo financiero.
Cualquier ayuda para concretarlo será muy bienvenida: ¿estarías dispuesto a colaborar en el Proyecto Película BIRRITÁCORA?


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